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Lección 2

 ¿EN QUÉ PUNTO  SE INICIA LA VIDA CRISTIANA?

EN EL ARREPENTIMIENTO.

Luc. 15:11-24.

             ¿Cómo te puedes transformar en un hijo de Dios.? ¿Cómo empezar a vivir la vida cristiana?

            La Palabra de Dios te da la repuesta a esas vitales preguntas, ella es “lámpara para nuestros pies y lumbrera para nuestro camino.” En Mr. 1:14-15 se nos dice que nuestro Señor Jesucristo, “... vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”

            Cuando nuestro Señor envió a los 12 discípulos para predicar, se dice de ellos que, “y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.”  (Mr. 6:12). Nuestro Señor Jesucristo  nos  encierra a todos diciendo en Luc. 13:3, “... si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.” Y a una multitud de compungidos pecadores el apóstol Pedro les manda en Hech. 3:19, 30-31: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”. Por todo lo visto, la Palabra de Dios nos dice que el punto de partida para una vida cristiana es el arrepentimiento.

 ¿Y qué significa arrepentirse?

             El Catecismo nos responde: "El arrepentimiento para vida es una gracia salvadora, por la cual un pecador, con un verdadero sentimiento de su pecado, y comprendiendo la misericordia de Dios en Cristo, con dolor y aborrecimiento  de su pecado, se aparta del mismo para ir a Dios, con pleno propósito y disposición para vivir una vida nueva de obediencia a Dios."

            Nuestro Señor ilustra el arrepentimiento mediante la parábola del hijo prodigo en Luc. 15:11-24. Esta es la historia de un pecador que se arrepiente de su pecado y es perdonado. En esta parabola el Señor nos muestra el caso de un gran pecador con el fin de exaltar el abundante perdón de Dios para quienes reconocen su condición y recurren al Salvador por medio de la fe.

 A.- En esta parábola nosotros encontramos el retrato de tu propio corazón pecador:

 1.- Tu corazón es insensible.

            El Señor te hizo  y te ha cuidado todos los días de tu vida, pero le dijiste: "Dame la parte de los bienes que me corresponde." Cada vez que ignoras, pisoteas y violas la Ley de Dios, eres culpable del mismo pecado del hijo pródigo.

 2.- Tu corazón es egoísta.

            "Dame mi herencia". El hombre no tiene derecho a hacer con su vida lo que quiera,  porque como creador, Dios es el dueño de la vida; le debemos a Él nuestra existencia y ante Él somos responsables de lo que pensamos, decimos y hacemos. Dice en Ecl. 11: “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.”

 3.- Por tu pecado está muerto.

            "Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido." Tú estas físicamente vivo, pero muerto e insensible a las realidades espirituales. El Señor contrasta la vida cristiana con tu condición (Ef. 2: 4-5).

 4.- Por tu  Pecado esta perdido.

             "Mi hijo .... se había perdido y es encontrado." Desde el momento en que decidiste vivir independiente de Dios, te perdiste, porque te apartaste de la fuente de la vida. El hijo pródigo estaba en una situación de hambre y miseria, de locura y muerte; de perdición y esclavitud.

 B.- Luc. 15: 17-19 nos narra el proceso que sigue un pecador cuando se arrepiente de su pecado.

 1.- El pecador arrepentido comprende la misericordia de Dios en Cristo, él dice:

             "Tengo problemas y el único que los puede solucionar es mi Padre."

 2.- El pecador  arrepentido comprende el verdadero sentido de sus pecados:

            "Le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra tí; ya no soy digno de ser llamado tu hijo".  

3.- El pecador arrepentido se levanta para cambiar el curso de su vida en relación a Dios:

            Él no se queda sólo en deseos: "Y levantándose vino a su Padre ...”. Él comprende la insensatez de una vida sin Dios y las consecuencias funestas para la vida presente y venidera, y se arrepiente.

 4.- El pecador arrepentido viene al Padre en la misma condición y situación en que se encuentra.

            Él no trata de mejorarse, no espera a proveerse de un vestido de justicia. No espera a experimentar sentimientos más profundos o convicciones más intensas. Se coloca, de una sola vez por siempre, en las manos del Señor, seguro de que el Señor hará con él, lo que él debe de ser.


C.- En el corazón de un pecador arrepentido encontramos:

1.- Un deseo sincero por hacer la voluntad de Dios.

             Después de toda una vida de espaldas a Dios y pisoteado su bendita ley, el pecador arrepentido es alguien cuya pasión principal es vivir para glorificar al Señor. Antes le decía a su padre: "Dame la herencia que me corresponde.". Pero ahora le dice: "Hazme como a uno de tus jornaleros.". Antes la rebeldía había llenado su corazón, pero ahora la sumisión es su gozo (Sal. 119:59-60).

  2.- El Señor le da al pecador arrepentido un recibimiento perdonador (Luc. 15:20-24).

              Esta escena destaca el resultado del arrepentimiento. ¿Qué pasó cuando el hijo pródigo se arrepintió? Cuando David pecó todo su ser fue afectado con el pecado, su vida emocional, su mente, su voluntad, su conciencia.  Nota sus palabras en el Sal. 32: 1-5.

            El Señor Jesucristo nos quiere mostrar el corazón de nuestro Padre Dios, "Lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se hechó sobre su cuello, y le besó... "   (Ver Ez. 18:  30-32).

            Esta parábola no es simplemente una bonita historia, sino que es la descripción de aquella realidad espiritual que acontece en el corazón de Dios mismo cuando un pecador se arrepiente y acude ante Él arrepentido, refugiándose en la justicia de nuestro Señor Jesucristo.

            Y la verdad es que el pecador no puede entender el hecho de que Dios corra hacia Él y lo abrace con un amor perdonador, pero esa es la verdad ilustrada en esta parábola (Ver Is. 55: 6-7). El perdón de Dios es completo, restaurador e inmediato. Yo quiero finalmente preguntarte:

            ¿Hiciste tú lo que hizo el hijo pródigo? ¿Le confesaste tus pecados al Señor? ¿Piensas tú, como el hijo pródigo, que no mereces ser un miembro de la familia de Dios? ¿Se evidencia, en tu vida de amor a Dios, que realmente te has arrepentido? ¿Te rendiste a los pies del Señor para servirle por el resto de tu vida? ¿Amas a Dios a medias?

            En Mal. 2:2 dice el Señor: "Si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre ... enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones....porque no os  habeís decidido de corazón.”

            La vida cristiana comienza donde comenzó el hijo pródigo: reconociendo su condición de pecador y levantándose para venir a reconciliarse con Su creador. Amén.